Hoy nos hemos propuesto desmentir unas cuantas ideas mal interpretadas en la comunicación de una marca. Hay una situación que se repite con frecuencia en muchas empresas: llega la fecha prevista en el calendario en la que toca publicar y se prepara una pieza con la idea de mantener la marca activa. A simple vista, parece que la comunicación sigue su curso óptimo, dado que existe actividad. Pero la realidad es otra bien diferente.
En los últimos años, la necesidad de estar presentes y “competir” en distintos canales ha llevado a muchas marcas a aumentar su volumen de contenido compartido. Esa dinámica responde, en muchos casos, a una intención lógica: ganar visibilidad, mantenerse activas y no perder espacio frente a otras marcas. El problema aparece cuando esa actividad no parte de una línea clara, un objetivo definido o un mensaje coherente.
Estar presente NO garantiza una estrategia
Una marca puede publicar con frecuencia y, aun así, no estar construyendo una comunicación sólida. También puede estar presente en varios canales y no lograr transmitir con claridad quién es o por qué debería importar.
En Grupo Cyma tenemos claro que, cuando falta una dirección estratégica, la comunicación corre el riesgo de fragmentarse, dando lugar a piezas aisladas, mensajes que no terminan de conectar entre sí y acciones que cumplen una función puntual, pero no refuerzan una visión de conjunto.
La frecuencia NO aporta valor
Mantener cierta regularidad puede ser positivo, claro. Especialmente, cuando quieres seguir en el radar de tu público. Pero, ojo: la frecuencia sin criterio no genera por sí misma una comunicación eficaz.
Cuando el contenido se produce sin una intención clara, es fácil caer en mensajes demasiado genéricos o piezas que no reflejan bien la personalidad de la marca y que no aportan nada relevante. En esos casos, la marca sigue hablando, sí, pero pierde capacidad para dejar una impresión clara y consistente. Imagínalo como llenar un cartel con demasiada información sin ningún tipo de orden, jerarquía o criterio. Las personas terminarán pasando de largo sin informarse de absolutamente nada.
Cada canal cumple una función distinta
No todos los canales cumplen el mismo papel ni responden a las mismas dinámicas. Cada entorno tiene su lenguaje y ritmo. Por eso, una comunicación bien planteada no se basa en repetir el mismo mensaje en todas partes, sino en adaptarlo con coherencia al contexto del canal en cuestión.
Lo que funciona para captar atención en redes sociales no siempre sirve para desarrollar una idea en profundidad en un blog o reforzar el posicionamiento de tu empresa en LinkedIn. Parece obvio, pero muchos departamentos de comunicación o encargados de marketing parecen todavía no tenerlo claro. Pero bueno, para eso estamos.
Y… ¡Por el momento, hasta aquí! Vamos a interiorizar lo expuesto y continuaremos con más sabiduría cymaniana en futuras entradas. ¡Estate atento!