En comunicación, tener un mensaje definido es imprescindible. Saber qué se quiere contar, con qué tono y con qué objetivo marca la diferencia entre una acción con sentido y otra de relleno.
En ocasiones, el mensaje a transmitir pasa de permanecer en un documento, una creatividad o una pantalla a convertirse en una voz. ¿Ejemplos? En Grupo Cyma tenemos a mano unos cuantos: presentaciones, eventos, entrevistas o cualquier actividad que requiera de un guion.
Pero, ¿en qué medida ese guion es importante? ¡Pues justo de eso vamos a hablar en la entrada del blog de hoy! ¡Vamos a ello!
Un mensaje y el transmisor: una relación complicada
Es un hecho: dos personas pueden pronunciar las mismas palabras y generar sensaciones muy distintas. La diferencia está en los matices como el tono, el ritmo, la propia presencia física del individuo. Por eso, comunicar bien abarca mucho más que enunciar las palabras escritas en un papel o seguir una escaleta sin desviaciones; comunicar bien es la magia de transmitir un mensaje con la intención adecuada.
Si vas a hablar en público con el fin de transmitir una idea (o bueno, si eres algo tímido, frente a un familiar o amigo), tu objetivo es que se te perciba con lo que llamamos “voz propia”: una forma de comunicar coherente y creíble, que se adapta al contexto y no deja restos de identidad por el camino.
Eres un camaleón. Y tu público, tu entorno
Cada contexto exige una forma distinta de comunicar. Si comprendemos fácilmente que no usamos el mismo tono en un evento corporativo que en una acción familiar, una ceremonia o una cita deportiva, entonces es sencillo entender que el público, el espacio y el objetivo nunca son los mismos. Parte del trabajo del comunicador es saber leer esas diferencias.
Una buena intervención mantiene el mensaje principal y los objetivos a alcanzar, pero también es resultado de una observación atenta del público y el momento. Una reacción del público, una sonrisa, un silencio o el gesto de atención del que tienes justo en frente pueden indicar si la comunicación está funcionando o si necesita un cambio de ritmo. ¡Adaptación natural, ese es nuestro lema!
La comunicación es un ente vivo que respira y se desarrolla, y es el comunicador quien debe jugar y adaptarse con respecto a sus acciones.
Improvisar exige planificación
A veces se malentiende la improvisación como ausencia de preparación. Para nosotros, improvisar bien exige tener claro el mensaje, conocer el contexto y saber reaccionar sin perder el rumbo. Digamos que es como tener las cartas siempre preparadas para, a la hora de la verdad, saber jugar y reaccionar con ellas.
En un evento, siempre hay imprevistos. Puede (y suele) haber cambios, tiempos muertos o momentos que demandan una respuesta distinta a la escrita en el guion. Es en estas circunstancias cuando la capacidad de adaptarse ayuda a mantener la atención y reforzar la conexión con quienes están escuchando.
En el podcast: Conquistando al público con Míster Barceló
Queríamos poner este tema sobre la mesa por dos razones: primero, que es un tema realmente interesante que todavía no habíamos desarrollado; segunda, que con el segundo episodio de nuestro podcast, “Conquistando al público”, con Míster Barceló, speaker y presentador con una amplia trayectoria en eventos, se entiende mucho mejor.
Durante la conversación, hablamos de la importancia de adaptarse a cada escenario sin renunciar al sello personal, de cómo leer el feedback del público en directo o incluso del papel que tiene la improvisación cuando el guion necesita convivir con lo que está pasando.
Su experiencia, vinculada también al mundo del rap, ayuda a entender que comunicar no consiste en soltar un mensaje y esperar que funcione. Consiste en darle voz, ritmo y presencia para que llegue y se recuerde.
Dale al play y descubre cómo Míster Barceló convierte cada escenario en una oportunidad para conectar con el público.
Ver episodio en YouTube: Conquistando al público con Míster Barceló